De Campeche a Quintana Roo / Cruzando transversalmente la península de Yucatán

Cicloturisteando por México

De Escárcega, Campeche, a Bacalar, Quintana Roo, México.

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El plan, como suele suceder en la mayoría de las aventuras, surgió a la mera hora. Sin conocer la ruta ni tener mucha idea de lo que nos esperaba, apenas cinco días antes, decidimos hacer el viaje. Sólo éramos dos compañeros del pedal y con la confianza que caracteriza a nuestros compatriotas (ínguesu, a ver qué pasa) acordamos la cita: nos veríamos el 01 de Enero en la ciudad de Campeche. Alberto viajó en autobús desde Cancún y yo en avión desde lo que todavía se llamaba Distrito Federal.

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DÍA 1. Empacar la bicicleta fue todo un show (para el cuál conté con la insuperable ayuda de Miguel quien, entre burlas y un par de caguamas, se mofaba de mis habilidades mecánicas) y volverla a armar, otro igual. En el aeropuerto, la gente y trabajadores observaban curiosos hasta que salí, feliz, rodando de ahí.

Lo primero que ví al salir del aeropuerto fue la vieja estación de ferrocarril ya en desuso, si bien el ferrocarril aún funciona, en la actualidad sólo transporta combustóleo, quedando atrás los días en que también viajaban en él pasajeros rumbo a la ciudad de México, Yucatán o Veracruz.

Campeche, conocida como la ciudad amurallada, es tranquila y calurosa. Su malecón es uno de los principales atractivos y cuenta con una ciclopista muy limpia y tranquila. Me detengo a comer algo, mientras observo un arcoíris que se formó gracias a una breve llovizna, augurio del clima y colorido que aguardaba el viaje.

Pedalear por Campeche es una experiencia placentera, sin destino fijo y dando vuelta a capricho. Conozco el malecón de punta a punta y debo detenerme a revisar una llanta: sospecho que se ha ponchado pero decido sólo inflarla y continuar mi recorrido, estoy por encontrarme con Alberto en la terminal.

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Volvemos al malecón y aplicamos la clásica banquetera mientras revisamos el itinerario: la idea es viajar y conocer y sólo contamos con siete días, así que decidimos abordar un autobús hacia Escárcega y de ahí comenzar el recorrido, para llegar al siguiente día a Conhuas, donde pasaríamos la noche. Sí me ponché así que debemos cambiar la cámara y preparar todo para el viaje, saldríamos lo más temprano posible.

DÍA 2. Llegamos a la terminal y abordamos la línea Autobuses del Sur. Nos llevamos la desagradable sorpresa de que el chofer nos pide dinero extra por llevar las bicicletas, pues es la única manera en que se hará responsable si algo les pasa, debido a que no es un viaje directo y en las escalas pueden rayarse o de plano les pueden salir pies y caminar. De mala gana aceptamos y pagamos lo que nos pide, y nos dedicamos a observar la carretera y los paisajes: fue una sabia decisión ir en autobús ya que la carretera es de tan sólo dos carriles y muchas curvas. Pasamos por poblados pesqueros y luego de casi tres horas de camino, llegamos a Escárcega, un poblado grande que es el centro comercial de la zona. La terminal es la más fea y bulliciosa que haya conocido y escapamos de ella a toda prisa, en busca de comida y alguna tienda para abastecernos para el viaje. Tres tacos de cochinita y una torta, respectivamente, nos llenan la tripa y tras echarnos una cerveza cortesía de la casa, emprendemos camino.

La carretera es amplia y se encuentra en perfecto estado, el acotamiento es igualmente grande y muy limpio, se rueda con mucha tranquilidad. Aunque el trayecto era principalmente plano, la carga extra en las alforjas nos llevaba a pedalear a un promedio de 25/28 km/ph. Pasaba el medio día cuando iniciamos el trayecto así que no queríamos hacer muchas paradas para llegar todavía con luz de día, pero una caída nos hizo parar: un desequilibrio de mi parte, acentuado por el peso, me llevo a visitar de cerca el asfalto y aunque salí con apenas unos raspones y un golpe en la mano, mi casco se rompió. Ni modo, ahora sí a encomendarme a San Juditas y todo el panteón conocido pues evidentemente no conseguiría otro casco durante el resto del viaje. Seguí usando el roto y, (¡spoiler alert!) afortunadamente no me volví a caer. Decidí omitir la clásica foto del percance, ya saben, por aquello de que “si no está en FB (o wherever) no pasó” y aunque mi mano me lo recordó como por dos semanas, el incidente fue tan sólo una breve anécdota.

A mitad del trayecto nos encontramos con la Laguna de Santa Lucía, sitio ideal para descansar un poco, comer y rehidratarnos. La vista no es particularmente encantadora, pero ayuda a relajar los poco más de 50 km recorridos.

Emprendemos el camino y luego de una hora nos sorprende una pertinaz llovizna, que si bien no caía a raudales, fue suficiente para darnos una buena remojada. Comenzamos una leve pendiente y poco a poco vemos cómo cae la noche y así, alumbrados por mi lámpara, llegamos a Conhuas donde encontramos un restaurante junto a la carretera. ¡Dos cafés y toda su comida, por favor!

DÍA 3. Señora del restaurante: “¿A poco se van a ir en bici? ¡Era para que salieran a las 6 am! Van a llegar cansadísimos, mejor renten una moto, les paso el teléfono de un señor que conozco”. ¿Pero cómooooo? ¿Somos ciclistas o payasos? Ni merga, acábate ese café, agarra unos Gatorades y aguas y vámonos pues ¿qué son 60 km de ida por una carretera en medio de la selva, con sus respectivos 60 de regreso, para dos gallitos como nosotros?. Calakmul nos espera.

Calakmul, uno de los yacimientos arqueológicos mayas más importantes, junto con Palenque y Chichén Itzá, se encuentra en medio de la Reserva de la Biósfera cerca de la frontera con Guatemala. En 2002 la UNESCO lo nombró Patrimonio Cultural de la Humanidad y para el 2014 se extendió a Patrimonio de la Humanidad Mixto por sus valores naturales y geográficos. Para acceder se tiene que transitar una carretera local llena de curvas y columpios. La mayoría de la gente llega en automóviles, camionetas y camiones, perdiéndose así de los innumerables cantos de las aves que acompañan todo el recorrido, la exuberante vegetación y el aroma a humedad tan característico de este tipo de clima. Aunque bien conservado, el camino tiene muchas irregularidades y se debe rodar con precaución ya que continuamente pasan vehículos junto a nosotros. Tres horas nos toma llegar a la tierra prometida y obvio, hay que tomar la foto obligada.

Recorrer por completo Calakmul en un sólo día es imposible, hay quienes se toman hasta cuatro días para conocerlo a fondo. Nosotros sólo caminamos por las construcciones principales y subimos para observar el panorama. Es impresionante aunque nos topamos con unos millenials new ages que cantan y danzan descalzos para “activar la energía del lugar (sic)”.

Tras un breve descanso y el bondadoso refill de agua por parte de unas personas del lugar (ahí no venden absolutamente nada, así que hay que llevar reservas) agarramos camino de regreso. De nuevo, la noche nos encuentra en el camino pero hay algo mágico en esa sensación de incertidumbre. Llevamos luces, pero la densidad de la selva es tal que al mirar atrás parece que estamos en el fondo del mar. Los sonidos han cambiado, la cadencia del crujir de nuestras cadenas al pedalear se conjuga con los millones de insectos que deben rodearnos. Nuestros sentidos se agudizan y ocasionalmente algún automóvil nos alcanza, para rebasarnos rápidamente. Luego de tres horas volvemos a la carretera, de vuelta a Conhuas.

DÍA 4. La parte más tranquila de la ruta la recorremos ese día. Tan sólo 60 km hasta Xpuhil, donde haremos base antes de llegar a nuestro destino. Decidimos descansar y despertar un poco más tarde, y en el camino buscaremos el sitio arqueológico de Chicanná, donde también haremos una escala.

La carretera nos presenta elevaciones muy tranquilas y unos columpios bastante divertidos, con lloviznas breves y refrescantes, aunque debo decir que el clima nos trató, en general, de maravilla. Hacía calor pero sin llegar a extremos intensos y la mayor parte del tiempo estuvo nublado, contrario al calor y humedad extremos que esperábamos, todo esto nos representó una gran ventaja y comodidad para viajar. También cruzamos el terreno que corresponde a la Reserva Natural de la Biósfera de Calakmul.

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Chicanná es uno de los muchos yacimientos arqueológicos que se pueden encontrar en esta zona, y junto con Becán y Xpuhil, es también uno de los más singulares. Su nombre significa en maya La casa de la boca de la serpiente debido a que la estructura principal representa esta figura.

Finalmente llegamos al sitio arqueológico de Xpuhil, que en maya significa Cola de gato en referencia a un árbol muy común en la región. Se piensa que era una zona de viviendas y tiene la curiosidad de contar con una especie de cámara en la parte superior de una de las estructuras, a la cuál es posible subir y desde donde se aprecia el hermoso paisaje. El poblado que lo rodea es una de las puertas de entradas al turismo de la región y posee hoteles, restaurantes y un par de pequeños centros comerciales donde es posible abastecerse de lo necesario, así como un cajero automático. Aquí pasamos la noche y nos preparamos para la jornada más larga y el final de nuestro viaje: Los más de 120 km hacia Bacalar, en Quintana Roo.

DÍA 5. Sin mucho madrugar, emprendemos el camino hacia Bacalar. Sabemos que será un trayecto largo pero la altimetría en descenso nos echa una manita. Al poco tiempo de haber dejado atrás Xpuhil, nos encontramos con el letrero que indica que hemos llegado a Quintana Roo.

Nos acercamos a la costa y el clima lo denota, se siente más caluroso y la vegetación se empieza a poblar de palmeras. Hacemos una escala para comer los sándwiches que preparamos y reabastecernos de líquidos, pero demoramos un poco más y nos percatamos que nos queda poco tiempo de luz. Decidimos apretar el paso pero una lluvia nos complica el trayecto, pues sin convertirse en tormenta, es consistente y al poco tiempo estamos empapados, con los zapatos convertidos en lagunas y goteando por todos lados. Paramos a ajustar mis alforjas y un señor amablemente nos ofrece posada, nos cuenta que también es chilango pero lleva un rato viviendo ahí. La oferta es muy tentadora pero decidimos rehusarla, la imagen de nuestros cuerpos convertidos en carnitas (o cochinita pibil) pasa por mi mente y en mi cabeza resuena la voz de mi madre “nunca te vayas con extraños“, además, desde hace algunos años tomé la decisión de guiarme por mis instintos y mi sentido arácnido me dice que es mejor seguir rodando, así que continuamos el camino, para seguir por un trayecto interminablemente recto, lleno de restos de vegetación y una especie de arena en todo el acotamiento que, además de sopa, nos convierte en lodo, el cuál en mi caso me ha llegado hasta las cejas. Lo anterior, aunado al cansancio, el continuo paso de tráilers y camiones que se dirigen a Chetumal y la amenzada de la inminente noche, nos estresa y preocupa un poco. ¿Y si buscamos hospedaje por acá?. Revisamos el mapa y calculamos una hora y media más de trayecto. Nos resignamos y continuamos nuestro camino. Finalmente, la lluvia cesa un poco y es cuando llegamos a la desviación hacia Bacalar, y en cuanto tomamos camino un arcoíris nos recibe. Sonreímos y sabemos que estamos ya muy cerca.

La noche nos arropa cuando faltan 10 km. Agarramos ritmo, concentración y una buena cadencia hasta el momento en que llega una ponchadura. Hasta ahora el saldo era sólo de un pinchazo así que no nos parece tan mal, Alberto hace rápidamente el cambio de su cámara y muy pronto estamos ya de vuelta en el camino. Hemos llegado.

DÍA 6. Luego de bañar nuestras bicicletas de cabo a rabo y cenar cochinita pibil, descansamos a pierna suelta, llegamos a nuestro destino y ya sólo nos resta disfrutar. Los paisajes en Bacalar son increíbles, la pupila se llena de tantos colores que el sobre nombre de “Laguna de los siete colores” se queda cortísimo. Rodamos con calma y conocemos todos sus rincones, sus muelles, su fuerte, su kiosko y sus cafeterías. Es uno de los llamados “pueblos mágicos” y sin duda merece ese título, con sus historias de piratas, sus cenotes y sus tranquilas aguas, es sin lugar a dudas, un paraíso.

 

DÍA 7. El final del viaje llegó y para cerrar con broche de oro, visitamos el Cenote Azul y damos un rol en lancha por toda la laguna. Al final, nos lanzamos a la ferretería y al supercito por todo lo necesario para empacar mi bicicleta que termina pareciendo una vaca. Nos despedimos y cada quien regresa a sus lugares, exhaustos pero con la convicción de continuar la ruta para rodear la península.

 

Tips básicos de Cicloturismo:

-Revisar y ajustar bien la bicicleta, de preferencia que lo haga un mecánico

-Utilizar unas alforjas resistentes y de preferencia, especiales para cicloturismo

-lleva por lo menos dos cámaras de refacción y todas las herramientas necesarias (incluído un , y unas tijeras o cortauñas, son muy útiles para sacar pequeños alambres atrapados en las llantas)

-Al empacar, guardar “conjuntos” de ropa y meterlos en bolsas de plástico antes de empacar en las alforjas. Llevar bolsas extras y colocar a la mano las herramientas, luces y snacks

-Llevar un botiquín básico (aspirinas, antihistamínicos, desinfectantes, gasas, curitas y gel antibacterial)

-Llevar un bidón con agua simple, puede servir tanto para refrescar como para lavar o enjuagar algo

-Llevar un trapo para limpiar

-Llevar luces que no sean de recarga y baterías extras, nunca sabes si tendrás a la mano luz eléctrica

-Empacar sólo lo necesario, considera que es posible que puedas lavar ropa en el viaje

-Lleva siempre un impermeable y un rompevientos ligeros

-Es más cómodo viajar con ropa deportiva que seca rápidamente, la ropa de algodón se vuelve pesada

 

 

 

 

 

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4 thoughts on “De Campeche a Quintana Roo / Cruzando transversalmente la península de Yucatán

  1. Martin says:

    Creo que nuna acabara mi asombro y admiracion por ti. agradesco a la vida por permitirme conocerte, !Que saudade e vontade de percorrer a trilha com voce¡ perdon pero creo que esto solo se puede expresar asi en portugues. Extraño tu prescencia, tu conversacion, tus criticas y tus ganas de vivir unas veces mas que otras. saludines.

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